Category Archives: Sorteos y promociones

MENOS GAITAS Y MÁS JAMÓN

 

Que tu tía Puri se cuele en diciembre con una figurita de porcelana comprada en el chino debería ser instaurado como tradición navideña. O eso, o tipificarlo como delito en el código penal.

Quien dice figurita de porcelana dice corbata de rayas, jersey chillón o bufanda número veintiocho, que ya no sabes dónde ponerlas, porque te falta cuello para tanta lana.

Luego, además, te ves en la obligación de ponerte la prenda en cuestión cuando vas a visitarla, para que vea que te ha gustado, (aunque sea un insulto a la vista y los perros ladren por la calle a tu paso) o, allá por marzo, te avisa de que viene a verte, y en casa os volvéis locos buscando el payaso bizco made in Taiwan que os trajo para felicitaros las pascuas.

Y así todos los años.

Claro que hay que comprender a las tías Puri del mundo; regalar por regalar es un fastidio.

Si no tienes mucho contacto con ese familiar o amigo al que,

CESTAS DE NAVIDAD (o el misterio de la lata de piña)

Acertijo: ¿Qué tienen en común el psicólogo Paul Ekman y la piña en almíbar?

Tic, tac, tic, tac…

Si eres fan de la fruta, ahora mismo estarás buscando en Internet quién demonios es Paul Ekman, y si eres experto en psicología seguro que te estarás preguntando dónde estabas el día en que el la facultad explicaban el capítulo de la fruta en conserva. Tal vez, incluso, seas un psicólogo fruti-vegano y sigas sin entenderlo.

Tranquilos todos, que aquí lo explicamos.

NUEVAS MUÑECAS DE «VESTIDA DE AZUL»: SEIS NIÑAS PARA ESTE OTOÑO

Decía F. Scott Fizgerald que la vida comenzaba de nuevo cuando llegaba el otoño. Y no era el único en tener esa sensación.

Pese a que nos venden el verano como una explosión de alegría, la verdad es que hay un cierto alivio en el ambiente cuando volvemos a sentir el fresco en la cara.

El otoño trae la promesa de la lluvia, de las nueces y las castañas, y el anhelo de esos días en los que acurrucarse bajo una manta nos retorna a la infancia.

Por las calles vuelven a verse reatas de niños que arrastran sus carritos con abultadas mochilas, y desde

¡HOLA PAOLA! La fiebre de «Las Amigas», las muñecas Paola Reina.

Ligero temblor de manos. Emoción contenida. ¿Dónde están las tijeras?

Con cuidado…

Un tenue sonido al rasgarse el precinto del embalaje. Descubrimos el plástico de burbujas.

Por fin, reflejos de celofán, y unos ojillos que nos miran expectantes, mientras que los nuestros recuperan el brillo de la infancia.

Destapamos la cajita y una oleada de olor a vainilla inunda nuestros sentidos. Con cuidado extraemos las gomillas de silicona que sujetan nuestro pequeño tesoro a la caja.

Por fin la sentimos entre nuestras manos; vinilo suave, pequeños zapatos, sus manitas y su carita fragante y perfecta. Esas graciosas coletitas, el vestido…

Sólo los niños y los coleccionistas podemos entender la magia que implica la llegada de una nueva muñeca. Y es que, aunque quienes las coleccionamos podamos tener perfiles muy diferentes, lo cierto es que una cosa sí que tenemos en común: haber conservado intacta la ilusión por esos fascinantes objetos antropomórficos, comunes a todas las culturas de la Tierra y concebidos inicialmente para el juego infantil, pero que son susceptibles de proyectarse como elementos artísticos y objeto de culto.

El mundo muñeca se expande, en gran medida favorecido por el auge de las redes sociales, que han

VUELTA AL COLE. CÓMO HACERLA MÁS FÁCIL PARA NIÑOS Y PADRES.

Hay algo nuevo en el aire, aunque no sepamos muy bien qué es. Nos levantamos con una sensación de inquietud, y se respira una atmósfera de cambios y preparativos. Notamos cómo los días comienzan a ser más cortos, y en el ambiente ya puede olerse la llegada de septiembre, el heraldo del otoño.

Por las calles hay una sensación acaso plomiza, y no se debe tanto al cambio de estación como al de nuestro propio ánimo.

En efecto: se acaba el verano, y con él los días de asueto, de piscina, de juegos, playa y barbacoas.

Ha pasado volando, ¿verdad? sobre todo para los más peques, y ahora toca lidiar con el radical cambio a la rutina de las aulas.

Si para los adultos ya es duro el síndrome postvacacional, no es difícil imaginar cómo será para los pequeños de la casa; toca cambiar de horarios y de comidas, y sustituir los juegos estivales por esquemas estrictos, tardes de deberes y cenas más tempranas.

Muchos papás y mamás se enfrentan a la tarea de llevar a sus hijos por primera vez al colegio, y otros, que ya se saben la canción, miran al cielo y se encomiendan al Santo Job, icono de la paciencia.

Y es que la vida debería ser un poquito más como las vacaciones.

Como eso no puede ser, y para ayudarnos a que el cambio no sea traumático y estresante, hay algunas cosas