(Español) DISFRACES: LA MANERA DE SER TÚ MISMO

DISFRACES: LA MANERA DE SER TÚ MISMO
Probablemente el título de nuestro nuevo artículo te llame la atención, pues el disfraz siempre se ha considerado una forma de ocultación. No en vano la palabra “disfrazar” tiene su origen en el antiguo término “desfrazar”, que significa “disimular”.
Cuando pensamos en los disfraces lo primero que se nos viene a la cabeza es el carnaval, un fenómeno cultural común a la mayoría de los pueblos, aun llamándose de formas distintas y celebrándose en fechas diferentes.
Aunque la cultura occidental, con sus raíces cristianas, tiende a atribuirse el mérito del origen de esta tradición, previa a la cuaresma y en la que había que despedirse de la carne (carne vale = carne adiós), lo cierto es que antes de Cristo ya se celebraban este tipo de festejos; los sumerios, por ejemplo, se reunían en torno a una hoguera cubriendo sus rostros con máscaras, para celebrar la fertilidad de la tierra. Los romanos, por su parte, honraban al dios del vino haciendo un desfile en el que transportaban un barco con ruedas (carrus navalis), en el cual la gente danzaba y se divertía.
En todas estas tradiciones, fuere cual fuere su origen, el denominador común era la máscara, el disfraz y el cambio radical de atuendo y aspecto.
EL POR QUÉ DEL DISFRAZ
A día de hoy, cuando ha perdido toda relevancia el origen de la fiesta, y ésta no es más que un modo de socializar, pasarlo bien y desinhibirse, lo cierto es que lo que perdura es la tradición de disfrazarse. Hay toda una industria en torno al mundo del disfraz, y el que más o el que menos, aunque sea una vez en la vida, ha mudado la piel para meterse en la de otro. Pero… ¿de qué nos disfrazamos?
Tú tienes un tipo de disfraz favorito, aunque no lo sepas, así como una clase de disfraz que no te pondrías nunca.
Ello obedece a tu personalidad, que se manifiesta en cómo vistes, cómo hablas, cómo te mueves… También en el disfraz que eliges.
Vamos a analizar brevemente algunos tipos de disfraces y lo que significan. Seguro que te sientes identificado con alguno de ellos.
EL DISFRAZ SEXY
Entran en este rango los atuendos que remarcan nuestro físico, que dejan a la vista gran parte de nuestra anatomía o la insinúa. Todos hemos visto alguna vez a un Tarzán semidesnudo desafiando las temperaturas de una madrugada de febrero, o esa “enfermera sexy” cuyo ombligo sólo se ve eclipsado por el oscilar caprichoso de un estetoscopio de plástico. Las personas que eligen este tipo de disfraz suelen buscar con ello, a menudo inconscientemente, resaltar su faceta sensual. Curiosamente, los usan tanto aquellas personas que el resto del año reprimen ese aspecto de su personalidad, como las que lo hacen parte de su día a día. Para las primeras, es una forma de liberación, mientras que a las segundas les resulta sencillamente impensable ocultar su físico en un día en el que todos llaman la atención.
EL DISFRAZ INFANTIL
Adultos disfrazados como niños, con atuendos adorables y peinados de guardería son otro clásico de carnavales y fiestas de disfraces en general. Este tipo de atuendo suele ser el elegido por personas que buscan la atención de su entorno, el afecto y la simpatía de los demás. También es popular entre personas normalmente muy extrovertidas, que remarcan así la faceta divertida que forma parte de su día a día. Las coletas con grandes lazos, los pololos, las pecas enormes y los uniformes escolares buscan acentuar el aspecto cómico de la propia personalidad.
EL DISFRAZ DE ÉPOCA
Vestirse de forma opulenta, con encajes, brocados y perlas, evocando la bonanza de las clases aristocráticas, está relacionado directamente con la búsqueda personal del lujo, la belleza y el poder. Se trata de ser espectacular mediante la ostentación, y obedece a la necesidad de salir de la mediocridad cotidiana. Por lo general, las personas que gustan de este tipo de disfraz tienen como objetivo deslumbrar a las personas de su entorno. Dado que la realidad diaria no permite tal despliegue, las ocasiones en las que se luce un disfraz son la oportunidad perfecta para tocar con la yema de los dedos ese lujo que nos está negado en nuestra parda rutina. También puede denotar un deseo de sofisticación y elegancia.
DISFRACES DE ANIMALES
Este caso es menos genérico, ya que, dependiendo del animal, así será la simbología. Por ejemplo, el disfraz de gato está asociado a la sensualidad, y suele ser escogido mayoritariamente por mujeres. Entraría además en la categoría de disfraz sexy que hemos mencionado al principio. Disfrazarse, por ejemplo, de oso, está más relacionado con el tipo infantil al que también hacíamos referencia: un oso es un “peluchito”, un personaje adorable al que la gente desea achuchar. Disfrazarse de mono, por su parte, está más en sintonía con el personaje divertido, que suele ser el alma de todas las fiestas. Así pues, aun siendo una categoría en sí misma, los disfraces de animales pueden tener significados muy distintos.
DISFRACES DE MODA
En este rango entran los atuendos que hacen alusión a un fenómeno actual, ya sea televisivo, ya sea por haber sido difundido a través de redes sociales.
Se encuentran en esta categoría los disfraces de emoticonos, los que reproducen memes, etc. Es el caso de disfraces como el del famoso “negro del Whatsapp”.
Este tipo de disfraz no habla tanto del individuo en sí como del momento, y son susceptibles de ser del gusto puntual de todo tipo de personas.
EL DISFRAZ DEL QUE NO SE DISFRAZA
Este es el peor disfraz de todos, porque no está a la vista. La persona que se niega a disfrazarse, por lo general, tiende a ser conservadora, un tanto autoritaria y, sobre todo, tiene un miedo espantoso a hacer el ridículo. Suelen ser individuos que reprimen sus impulsos y sus emociones, en la errónea creencia de que mostrarlos les hace débiles. Esto, en sí, es un disfraz, pero uno permanente, por lo que no hay día de liberación para ellos.

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