S.O.S. VERANO; NIÑOS, PLAYA Y PISCINA. ¿SON SEGUROS LOS FLOTADORES?

Con la llegada del verano aparecen las sombrillas, las toallas, los bronceadores y, cómo no, los flotadores. Todos hemos crecido con ellos, y todos recordamos haber tenido un cisne hinchable, un delfín, una colchoneta… Para los más pequeños, los primeros compañeros en el agua han sido los manguitos y los flotadores circulares.

Se les llama “salvavidas” pero… ¿lo son realmente?

Lo primero que debemos tener en cuenta es qué estamos comprando, y para qué sirve.

Un flotador circular, de los llamados “de rosquilla”, o un par de manguitos, pueden ser elementos de apoyo para la iniciación en las habilidades natatorias, o un buen elemento de juego, pero nunca, nunca, pueden sustituir a la vigilancia de un adulto.

Los manguitos son muy útiles a la hora de transmitir confianza a los más peques, facilitando que pierdan el miedo al agua, ya que ayudan a la flotación, pero no son elementos que doten de autonomía absoluta al niño, y jamás debe ser una excusa para que nos relajemos.

Un niño puede sufrir un golpe jugando con otros en el agua, perder el conocimiento y quedar flotando boca abajo, pese a los manguitos. Con los flotadores redondos, por su parte, existe el riesgo de que el niño se dé la vuelta con un golpe de mar o simplemente jugando.

Los llamados “churros de flotación”, por su parte, son muy útiles para aprender a chapotear y desplazarse en el agua, pero los niños pueden perderlos o soltarse accidentalmente de ellos.

Con frecuencia se suelen oír frases del tipo “lleva flotador” o “le veo desde aquí”, pero podríamos llegar tarde si uno de los sucesos arriba expuestos tuviera lugar.

ENTONCES… ¿DEBERÍAMOS COMPRAR FLOTADORES?

Por supuesto que sí; un flotador, siempre y cuando cumpla con la normativa europea, esté homologado y debidamente etiquetado, es un buen producto. Anima al niño a jugar en el agua, a perder el miedo, y a adquirir confianza y autonomía, al no tener que estar sujetándolo un adulto todo el tiempo. Ya se sabe que, a partir de los dos o tres años, comenzamos a escuchar el consabido “yo solito”, la negativa a ir de la mano para cruzar la calle, etc., y es un buen síntoma de que el niño adquiere confianza, pero eso no significa que debamos bajar la guardia.

Dejar la seguridad de un niño exclusivamente en manos de un elemento hinchable, sería el equivalente a comprar una sillita de bebé homologada para automóvil, sujetar al niño convenientemente, y luego poner a un borracho al volante. Las probabilidades de lesiones o de muerte son menores que yendo suelto, pero no inexistentes.

Del mismo modo, debemos considerar el uso de flotadores como una medida adicional necesaria, pero no excluyente de la vigilancia parental.

Además, es importante no escatimar en la seguridad de los más pequeños de la casa; adquirir los flotadores en bazares multiprecios sin garantías –los conocidos como “bazares chinos”, en los que imitar una etiqueta de homologación es infinitamente más fácil que imitar un bolso de Gucci, -y lo hacen- es jugar a la ruleta rusa, pero con la vida de nuestros hijos.

Podemos ahorrar en un bolso o un perfume de imitación, pero lo que nunca debe ser de imitación es el bienestar y la seguridad de los peques.

Los flotadores deben estar preparados para cierta presión, peso, golpes… Deben estar realizados en materiales no tóxicos, sin rebabas que arañen o lastimen, y deben llevar como complemento la mejor medida de seguridad: nuestro celo y cuidado.

De este modo, nos aseguraremos de que entre los recuerdos de nuestras vacaciones sólo haya momentos felices.

 

Zenda Bailey-Austen

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